viernes, 10 de abril de 2020

Para hacer familia... queridoshijoss.com

Hoy, viernes santo, os presento un blog muy sencillo pero con mucho contenido.

Se llama queridoshijoss.com (acabado con dos ss) y son cartas de una madre, que ya es abuela, a sus hijos. Ella dice que quería hacer un libro pero que se le quedaba grande y empezó un blog. Ya lleva muchas cartas y seguro que eso termina siendo un libro.

En las cartas habla sobre temas como el noviazgo católico, la convivencia, el matrimonio, los abuelos, las virtudes cristianas, la navidad, la conciliación, el trabajo, los jefes... son cortas y amenas. La autora las escribe con gracia.

Espero que lo disfrutéis. Copio literal la ultima entrada sobre el Coronavirus para que veáis como escribe.

Queridos hijos:

El tema de este post no puede ser otro que el coronavirus. Ya me gustaría tener un título más bonito, pero me sale mi vena castellana y austera y no se me ocurre algo más suave y bonito.

Os escribo esta carta desde nuestro confinamiento en casa, en Lleida. Nunca habíamos pensado que una cosa así pudiera pasar. La verdad es que éramos, todos en la familia, de los que hacíamos bromas del asunto, nos lo tomábamos poco en serio y nos parecían exageradas tantas medidas. Sólo Fer, como buen bioquímico, nos alarmaba y se lo tomaba en serio. A la vista está que tenía razón y los demás nos equivocamos.

Ahora aquí estamos, instalados cada uno en nuestro confinamiento. Gracias a Dios tenemos tres sedes familiares (Pamplona, Lleida y Madrid) y estamos hijos y nietos bien repartidos entre las tres ciudades. Qué gusto ser tantos y así poder estar acompañados en momentos como éstos. Muy pendientes unos de otros y rezando especialmente por los más vulnerables: enfermera, embarazadas… y según vosotros, también papá y yo, seguramente sí.

Quiero pensar qué no nos falta de nada a la mayoría de la gente en nuestro país y gozamos de casas confortables y acogedoras muchos, y casi todos de algún tipo de hogar. Pero aún así, os quiero prevenir de un mal unido al del virus (después hablaremos del bicho) con el que posiblemente tendremos que luchar durante estos días. Un mal tan nocivo o más que el virus, y a veces con peores efectos que el corona.

Este enemigo es “el runrún”. No busquéis el significado en wikipedia porque no creo que lo encontréis. Lo oí en un sketch del humorista José Mota y me parece que la palabra resume muy bien lo que quiero deciros. El runrún es la angustia que sentimos cuando nos surge el agobio. Cuando una o varias ideas, o mejor dicho preocupaciones, se adueñan de nuestra cabeza y de nuestra imaginación y acaban obsesionándonos. Pero no tanto por el presente (y ahí está su idiosincrasia), por la desgracia que nos está pasando, sino por lo que pueda pasar. Nos carcome, se apodera de nuestra cabeza y nos quita la alegría primero y después la paz, o viceversa. Puede terminar reduciéndonos a un cuerpo encogido en una cabeza más encogida todavía. No descansamos pensando en todos los posibles males que se nos avecinan.Todo lo vemos negativo, sin solución y se nos acumula en la cabeza algún problema obsesionándonos: el trabajo que puedo perder, la hipoteca, la salud, la de mi familia, la vida… o frecuentemente varios a la vez. Cuando estamos en estado runrún todo lo vemos malo y horrible.
Entramos en una situación de sufrimiento que, vuelvo a repetir, no es tanto por la situación que estamos pasando, sino por lo que imaginamos que puede venir.
Y no me digáis si no es triste sufrir por algo que no sabemos si vendrá. Lo digo yo, que en la vida he sufrido más por lo que mi imaginación ha supuesto que iba a pasar que por lo que ha pasado en la realidad. Y a alguno de vosotros os pasará igual. A los que habéis salido en esto a papá no os afectará tanto el runrún, esa suerte tenéis. A cada uno le hace daño el zapato en un punto del pie, jejeje.
Sobrenaturalmente hablando es absurdo. Ya Jesús nos avisó de que cuando llega el sufrimiento nos da las fuerzas adecuadas. Pero claro, no nos fiamos de Él y nos empeñamos en sufrirlo antes de tiempo y sin las fuerzas adecuadas.
Y humanamente es absurdo sufrir por algo que no sabemos si pasará. Pero somos así de torpes y nos cuesta controlarlo. Lo sabemos pero…

Por eso no conviene dialogar con el runrún. Podemos adentrarnos en conversación con él y pensar incluso que le estamos venciendo, pero no os fiéis, pronto nos coge por sorpresa y nos deja kO. No hay que dialogar y sí poner un candado al primer pensamiento sobre el tema agobiante que nos venga. No podemos enchufar en el runrún porque nos acabará dando calambre. Siempre esforzarnos en no enchufar. Nos evitaremos mucho sufrimiento, estaremos más fácilmente alegres y haremos la vida agradable a los demás.

Nos puede ayudar tener un horario (mejor escrito) al que sujetarnos. Cada uno sabéis vuestras obligaciones: teletrabajo, la casa, los niños, tiempo dedicado a convivir, a distraernos. Es buen momento para mimar las tertulias, poner sentido del humor, frivolizar un poco, jugar a las cartas, tablas de gimnasia compartidas, ver series y lecturas ligeras (no es necesario seguir todas las noticias sobre el asunto y además buscar más por internet), mandarnos whatsapp divertidos y positivos, conectarnos todos en el houseparty, zoom y lo que haga falta, y en nuestro caso y esencialmente, tiempo para Dios.
¡Ah! importante también: No olvidemos arreglarnos. Hagamos nuestra la conocida canción “Antes muerta que sencilla”.

Y ahora me pongo con el otro problema: el energúmeno del virus, que diría Víctor. Allá van algunas sugerencias:

Primero (creo que todos lo hacemos, pero es crucial) tomar muy en serio las medidas que nos van explicando. Es por nosotros y por los demás.

Segundo y no menos importante: vamos a intentar no admitir ni media queja de las incomodidades que nos puedan surgir, ni tampoco nos pongamos ahora a buscar culpables. Es el momento de unirnos y ejercer la caridad con todas y todos que dirían muchas y muchos.

Además, no podemos más que agradecer a Dios donde nos ha situado. Y si a alguno nos viene a la cabeza una queja, que puede suceder, pensad en los enfermos, pensad en los sanitarios. Pensad en vuestra hermana Cristina, que ayer no podía más, después de horas atendiendo la UCI de la clínica donde trabaja, sin poder hacer mucho y desbordada por todos lados. Estaba tan mal que casi anhelaba coger ya el virus (que dice que cogerá seguro) y poder irse a casa.

En tercer lugar, lo más importante de todo: PONERNOS EN MANOS DE DIOS.

Es en momentos así cuando papá y yo nos abrazamos con mucha frecuencia y damos gracias a la Virgen. Gracias por su ayuda para poder y saber transmitiros el amor a Dios. Es en momentos así también, cuando mejor se ve qué es lo único importante y la principal misión de unos padres*. Acordaos de que el primer objetivo de unos padres cristianos es llevar a sus hijos al cielo, o al menos dejarles lo mejor encaminados posible.

No sabéis la satisfacción que tenemos de que seáis piadosos y, no sólo consideréis a Dios el centro de vuestra vida, sino que luchéis cada día por conseguirlo. Esto nos ayuda a saber que lo peor que nos puede pasar es morirnos, y para un cristiano la muerte es Vida. Es vida porque nos espera el cielo para siempre, siempre, siempre. Por eso cuidamos todos con mimo la Santa Misa diaria (aunque sea online), el rosario y tantas oraciones más a lo largo de la jornada, y nos sentimos unidos en la oración de unos por otros.

Además sabemos y creemos lo que Dios nos viene diciendo desde la época de Abraham y a lo largo de toda la historia, pero que tanto nos cuesta entender (Y mira que lo ha dicho veces y claro): Que si le queremos, cuidamos y adoramos, Él nos protegerá. Todos sabemos por propia experiencia que es así. Siempre lo ha hecho y seguro que lo seguirá haciendo.

Adiós queridos hijos. Os quiero muchísimo.

Un besazo,

Mamá







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